lunes, 10 de enero de 2011

Y siempre vas a estar en mis oídos..



Yo no se porque. 


Manuelita vivía en Pehuajó
pero un día se marchó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.


Manuelita una vez se enamoró d
e un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.

En la tintorería de Paris
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.
Le pusieron peluquita
y botines en los pies.

Tantos años tardó en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.


Es muy difícil recordar a una persona con una sola canción, pero es una de esas canciones con la que creces como persona y cada vez que la escuchas volves a ser un  niño. 
Es esa canción que cuando sea viejo y ya me queden pocos días de vida, voy a seguir escuchando con toda la ilusión, porque ella sabía escribir diferente, ella sabía transmitir la infancia con simples acordes, ella escribía poesía, ella era es y será una parte muy importante de mi niñez.

María Elena Walsh. Quizás le cantes a los ángeles. 10-1-11

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