martes, 27 de diciembre de 2011

Océano.

Llegas, ya lo venís viendo desde lejos. Esa mota celeste que al irse acercando ya no es tan mota como antes y se convierte en el océano...en algo inmenso, colosal. Te bajas del coche y un aroma salina, refrescante entra por tu cuerpo.  Todos los sentidos no sirven para contemplar tanto misterio y tanta belleza, toda nuestra capacidad no es suficiente para captar el momento. La arena está vacía, no hay ni una sola alma, solo tu soledad y la brisa con el mar. ´
Las olas van y vuelven con su camino de eterno de retorno a la orilla.
Las gaviotas cantan poemas de amor eterno, y los restos fósiles en todo el recorrido cuentan la historia de algún animal. El agua rompe contra las rocas, con tranquilidad, sin embravecerse. Y las gotas vuelan por los aires para luego aterrizar unos metros mas arriba. Los pies bailan por la arena, y los pensamientos bailan con el océano.


Todo es paz, desasosiego...Todo es una espiral de olvido. Porque te centras en eso tan bello, y ningún problema es capaz de atraparte. 


El de la derecha es mi amigo Alan. 

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Volar.

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