sábado, 11 de agosto de 2012

Llueve en Buenos Aires.

Me encantan los días de lluvia. Si, ya sé que es típico y quizás repetitivo y poco original
Pero me encanta comer con lluvia, dormir con lluvia, caminar con lluvia, soñar con lluvia  y pensar en lluvia.
Quizás lo tengamos como un suceso normal, pero si te ponés a pensar es bastante loco: gotas de agua diminutos, o enormes, cayendo del cielo y provocando un sonido único en cada lugar donde chocan. Capaz choquen de manera estrepitosa, capaz de manera suave, sensible...casi que ni notable. Pero chocan, y crean magia, crean un aroma que solo ellas pueden elevar en el aire...
Adoro pasear por mi ciudad con las gotas cayéndome en la cara porque eso si, no soy de usar mucho el paraguas, soy mas de abarcar todas las gotas posibles y terminar empapado...empapado pero sonriente, empapado pero feliz. , ver una cortina sobre tus ojos de agua que tapa algún que otro edificio, inunda las calles y hace que los coches al pasar hagan un extraño sonido...

Lo siento de una manera rara, con esa esencia de necesidad, de sino llueve como que te falta algo esencial en tu vida.
 Lo siento igual de necesario que una puesta de sol, mirar a las estrellas, dibujar formas con las nubes o viajar, es unas de esas cosas que jamás le puede faltar a la vida. La lluvia.

Les debo la foto y capaz les deba mas cosas, gracias por los comentarios =) .

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Volar.

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